Hola lectores, mi nombre es Dani y quizás al igual que vosotros ahora, en su momento empecé a buscar algún arte marcial o actividad con el cual me sintiese cómodo e identificado y además me pudiera aportar algo más de seguridad ante la situación de un conflicto fortuito e inesperado en mi vida cotidiana. Posiblemente compartáis la razón de búsqueda de un arte marcial o bien, busquéis alguna actividad para hacer deporte, en cualquiera de los casos escribo estas letras desde un punto de vista personal y exterior al gimnasio, con la intención de que podáis valorar una experiencia que os ayude a decantar la balanza por lo que a la práctica del AIKIDO se refiere.
Mi selección por el AIKIDO no fue inmediata e inamovible desde el momento en que decidí practicar un arte marcial en mi vida, sino más bien al contrario, iría en función de lo que me encontrase. Fue una decisión “sobre la marcha”, la cual fui descubriendo poco a poco que había sido realmente muy acertado para mí. Mi intención era encontrar una actividad que me enseñara defensa personal y me mantuviera en forma mínimamente; así pues, busqué por internet en relación a esta idea, y como imaginaréis la lista de posibilidades era infinita, por lo que estreché el cerco a elegir entre actividades en Sabadell y alrededores ya que es donde resido. Envié varios e-mails a gimnasios, pidiendo información y planteando la circunstancia acerca de lo que yo buscaba. Recibí 3 respuestas entre las cuales una de ellas era notablemente más cuidada, personalizada y con un trato excelente donde se me invitaba a las instalaciones para conocer in situ el lugar donde acabaría practicando (¡¡ tengo que destacar que ante mi e-mail de pregunta de 3 líneas obtuve una extensa respuesta de al menos 30 líneas!! con lo que también me ayudó a decantarme).
Sin más así fue, fui allí, hablé con tranquilidad con el Director del centro y profesor de Aikido Rubén Varona, donde me fue asesorando sobre las dudas que le iba planteando. El ambiente que percibí en la Escuela, la calidez, claridad, buen trato y sabiduría de las palabras que fui escuchando fueron suficientes para animarme a realizar una clase sin compromiso alguno.
Sin duda alguna, al final de la clase a la que asistí, salí convencido de que AIKIDO era lo que buscaba. Cuando era casi un niño hice un año de Karate, tiempo suficiente para ver que aquello no era lo que realmente me llenaba, basándose fundamentalmente en golpear, en tener un cuerpo resistente y fuerte, en realizar mucho ejercicio físico y, además, por la parte competitiva que observé, empecé a rechazar toda idea de conflicto por parecer pura violencia. En cambio el AIKIDO no tiene esas características, es completamente diferente ya que cada uno practica, según sus condiciones, para aprender y disfrutar sin tener que demostrar nada a nadie sino al contrario para obtener un mayor autoconocimiento. |
|
AIKIDO puede ser practicado por hombres, mujeres, niños, jóvenes, adultos y ancianos; por fuertes, débiles, musculados y raquíticos, por gordos y flacos; no hay limitación para practicar más que ser humano. Sí, ser humano, puesto que el AIKIDO estudia el cuerpo humano: posiciones, huesos, músculos, tendones, centro de gravedad, estabilidad, equilibrio… y aprovecha los puntos débiles y la transmisión de movimientos en puntos desfavorables del cuerpo para provocar un desequilibrio en el atacante con la intención de poder inmovilizar, proyectar o conducir, entre una infinidad de opciones.
Así pues, basándose en este principio encontramos el porqué de que cualquiera puede practicar AIKIDO de una manera exitosa, porque si se aplica la técnica como se debe (es decir, colocando nuestro cuerpo en la posición adecuada en relación a nuestro atacante, y coordinando harmónicamente una serie de movimientos) nuestra defensa es inapelablemente acertada y segura.
Soy consciente de que es difícil de creer que con independencia de las condiciones físicas, se pueda uno defender de cualquier agresor, yo era el primero que no lo creía posible (incluso cuando miraba videos en internet porque ves los ataques evitados de una manera tan increíblemente fácil y eficaz que parece que atacante y defensor fingen el ataque) pero en realidad no hay ficción, el atacante es proyectado contra el suelo y obligado a practicar su caída, a menos que prefiera romperse alguna articulación.
No obstante a posteriori he de confesar que es real y potencialmente muy peligroso, (como ejemplo me puedo poner a mí mismo ya que mido 1.90 cm, peso 80 kg, soy deportista y de corpulencia más bien robusta) me encontraba que en clase, practicando con mi “tocayo” Dani de 12 años, con una altura de 1.55 cm. aproximadamente y de unos 45 Kg. ¡¡ no tenía ningún tipo de problema para repeler mis ataques e inmovilizarme !! No me podía creer que utilizara tan poco esfuerzo de una forma muy natural y que el resultado fuera tan impresionante, esa es la magia del AIKIDO, cualquiera puede practicarlo porque no precisa fuerza, sólo técnica.
Un aspecto importante a destacar que me resultó muy interesante es que en AIKIDO no existe la idea de competición para ver quién es el más fuerte o sabe más, esto en mi opinión es bueno a pesar de que a alguien le pueda parecer aburrido, pero es una muestra más de que el AIKIDO es algo diferente, es un arte marcial respetuoso, defensivo y pacífico (y con pacífico quiero decir que es de los pocos, por no decir el único, arte marcial que brinda la posibilidad de evitar ataques sin dañar al atacante, aunque también como opción, existe la de romper articulaciones y provocar mucho daño. No hay competiciones, pero sí que hay cursos y encuentros intensivos, realizados periódicamente por Cataluña, impartidos por los grandes maestros de este arte, a los cuales asiste una multitud de personas venidas de todas partes del mundo. Generalmente los participantes tienen un nivel elevado, especialmente los que vienen del extranjero, pero no obstante, cualquiera puede asistir al curso, incluso alguien que nunca antes haya practicado AIKIDO.
Mi experiencia fue que con solamente 3 semanas de práctica y con pantalón de chándal oscuro y camiseta blanca, mientras el resto de gente llevaba hakama (falda-pantalón otorgada por tiempo y nivel) y keikogis (traje formal), asistí a un curso impartido por un maestro japonés de alto nivel, pese a estas condiciones fui tratado de igual a igual, sin ser mirado por encima del hombro o ser rechazado, más bien al contrario, fui acogido con los brazos abiertos y incluso con la diferencia de idiomas, los “expertos” se esforzaban por hacerme entender los movimientos y mejorar mi técnica.
|
Por lo que se refiere a practicar AIKIDO en el Tada Ima Dojo Sabadell, en mi opinión, es especial por dos motivos:
• La espiritualidad del lugar, dado que no es un gimnasio normal y convencional, se percibe una magia y un respeto al entrar allí y ver la parte principal y referencial sagrada (Kamiza), que no se puede explicar con palabras y quizás es algo subjetivo, por lo que aconsejo que vayáis y comprobéis si compartís mi sentimiento.
• La atmósfera de amor, trabajo, respeto entre compañeros y especialmente por parte de la Dirección, y en esto si que puedo garantizar que este sentimiento es objetivo puesto que en mi caso la situación ha sido algo particular. Por motivos personales (estudios y compromisos) me es imposible practicar durante todo el año (muy a mi pesar) y sólo he podido realizarlo por período de 1 mes, en el mes de Julio. A sabiendas de mi circunstancia, la Escuela me trató como uno más, sin excluirme en ningún sentido, armándose de paciencia todos para irme explicando los movimientos de las maneras que fuesen necesarias para que yo interiorizase los conceptos, sin importarles que dentro de un mes yo no estaría allí. |
|
| |
Dado por finalizado mi período en AIKIDO por este año, ¡ estoy seguro de que el verano que viene repetiré la experiencia!. Puedo concluir que ha sido exquisitamente enriquecedor para mí porque he notado su influencia en mi cuerpo y en mi mente; son tantas ventajas y mejoras que a proporción tiempo invertido-aprendizaje lo he experimentado como algo muy productivo, como ejemplos puedo aportar que me siento más flexible, mis articulaciones son más fuertes, me siento más equilibrado (incluso caminando), conozco mejor mi cuerpo, tengo conocimiento de con qué movimientos se puede transmitir dolor y desequilibrio, y bien, no soy Steven Seagal después de un mes, pero ahora sé cómo reaccionar ante una agresión. Cómo reflexión personal me quedo con una frase que se explicó un día en clase: “Un pequeño giro o cambio de ángulo cambia radicalmente la situación” de ahí su carácter tan técnico y no “bruto”.
Qué decir por supuesto del ambiente que genera el AIKIDO. Magnífico! Un compañerismo destacable que te ayuda a estudiar, a compartir movimientos con todos, a poder evolucionar de forma agradable.
Nada más que deciros por lo que a mi experiencia se refiere, mi consejo personal es que os acerquéis a la Escuela, como lugar referencial de estudio de un AIKIDO serio y de búsqueda constante, y lo experimentéis para saber la sensación que os da, e inmediatamente veréis a qué me refiero con mis palabras. Hasta pronto! |
|